El año de Carmen

El 2018 ha sido un año decisivo en la vida de Carmen Ángel, propietaria de Restaurante Carmen. En septiembre, en simultáneo y sin pestañar, abrió tres nuevos espacios gastronómicos en Medellín: Moshi, Don Diablo y Little Bitch.

Esta locura empresarial representa un deseo de cambio y un sueño, algo que encaja con el espíritu inquieto, emprendedor y artístico de una mujer que desde su regreso a Colombia hace 10 años, no ha parado de trabajar.

Estudió en Le Cordon Bleu en San Francisco, trabajó en restaurantes y montó un catering, pero el olor de arepa a la parrilla, y el deseo de abrir un restaurante, la impulsó a volver.

En Carmen Medellín, su primer restaurante, muestra su cocina más personal. Experimentan con productos locales y buscan la mejor manera de integrarlos con sabores del mundo. Es una cocina fusión, potente, intensa y bien gestionada. Diversos, excelente servicio, cuidada carta de vinos, coctelería de autor, control de costes, estandarización. Una experiencia 360º y un referente en la gastronomía colombiana.

Carmen es una mujer apasionada con su trabajo y con su vida. Vibra cuando le llega del Chocó un pescado fresco; se emociona con un vinagre de plátano y se involucra con sus proveedores con el fin de poner el mejor producto en la mesa de su cliente y, al mismo tiempo, generar mejores condiciones de vida a los que trabajan con ella.

Sobrados motivos tiene para ser personaje del año. Es cocinera, empresaria, sommelier y sobre todo, visionaria, y junto a Rob Pevitts, su esposo, y Diego, su padre, han transformado la escena gastronómica en Medellín y Cartagena a través de sus seis negocios que hoy emplean a 135 personas.

Carmen es una apasionada por su trabajo y con su vida.