El sector horeca se ha visto afectado considerablemente con los nuevos impuestos que el Gobierno ha colocado últimamente. El impuesto al consumo, el impuesto al vino y ahora, el posible impuesto a la carne, son medidas que están obligando a la industria a reinventarse para poder sobrevivir en el mercado.

Productos como el tabaco, las bebidas azucaradas y las emisiones de carbón, son conocidas como los sin taxes o impuestos al pecado. Con esta estrategia se busca gravar los productos o acciones que pueden tener un impacto negativo en la salud de los ciudadanos y generarles problemas como la obesidad, los aficción en los pulmones y las enfermedades cardiovasculares. Dentro de estos productos, ahora se encontraría la carne.

Esto porque la industria ganadera es la responsable del 15% de los gases de efecto invernadero que se emiten en el mundo y la ingesta de carne puede desencadenar ciertos problemas de salud. Además, la polución del agua y la resistencia a los antibióticos juegan un rol esencial en la producción de carnes.

“Si los diseñadores de políticas deben cubrir el verdadero costo de epidemias humanas como la obesidad, la diabetes y el cáncer, a la vez que abordar desafíos paralelos como el cambio climático y la resistencia a los antibióticos, los impuestos a la industria de carne parecen inevitables”, advirtió Jeremy Coller, fundador de Fairr, al periódico The Guardian.

Este impuesto ya está siendo discutido en parlamentos de Alemania, Dinamarca y Suecia. En China, ya se realizó una política con la que buscan que los ciudadanos redujan el consumo de carne a la mitad.

Por el momento, se considera que el impuesto a la carne no va a ser robusto, pero el programa Oxford Martin sobre el Futuro de los Alimentos señaló que si se pone un impuesto a la carne del 40 %, a los productos lácteos del 20 % y al pollo de 8,5 %, se evitarían casi medio millón de muertes al año y se recortarían drásticamente las emisiones que potencian el cambio climático.

Sin embargo, esta medida afectaría directamente al sector horeca, ya que en los elementos en los que más invierten los restaurantes es en los alimentos, por lo que esto incrementaría su nivel de gastos y costos en las compras, afectando su operación y rentabilidad.

Información tomada de: El Espectador